Los invito a ver la entrevista que me hace Leni Zilioto desde Mato Grosso, Brasil, sobre mi relación con Brasil, mi trabajo como profesor y mi novela Las Miradas. Conversamos en portugués, mas tenho certeza que vão entender...
sábado, 25 de noviembre de 2023
miércoles, 22 de noviembre de 2023
¡FELIZ DÍA DEL MÚSICO Y DE LA MÚSICA!
Cada 22 de noviembre se celebra el
Día Internacional del Músico.
Se atribuye la conmemoración de
esta fecha a Santa Cecilia, una romana inmortalizada en cuadros tocando laúd,
órgano o arpa, canonizada gracias a su "irresistible atracción por los
acordes musicales" y considerada desde entonces patrona de los músicos y
poeta.
No pretendo historiar sobre su
vida. Como músico que soy, sólo quiero aprovechar la ocasión para homenajear y
abrazar a todos los músicos de la vida y, en particular, a los de mi vida,
quienes me dieron y continúan dando el placer de su compañía en un escenario,
el gozo de su amistad y la luz de sus enseñanzas.
Mi homenaje a los MÚSICOS que
trabajan las madrugadas y vuelven a casa con el pan y los tamales, a los que
van hasta la punta del cerro para ganarse su “bolo”, a los que cantan en las
esquinas pese a la tos o el serenazgo, a los que alegraron nuestra vida y penas
desde sus balcones o “mangueando” sufridos en las calles durante la pandemia, a
los que se queman las pestañas, ojos y cejas componiendo para otros, a los que
pasan años solfeándoles notas a sus alumnos.
A los ingenieros, médicos o
abogados que en el fondo no tan fondo son músicos y vuelven corriendo a casa
para practicar su instrumento, a los que gracias a su arte son el alma de los
cumpleaños, a los que citan frases de letras de canciones en cada conversación
y, cómo no, al músico que todos llevamos dentro, que desenfunda la guitarra
mientras se baña, tararea con los headphones en las orejas mientras viaja en el
transporte público, silba en la cola del banco o, como yo, toca unos tambores
invisibles mientras maneja su auto.
¡Abrazos para ustedes!
En una escena de la película
Pasante de moda, Robert de Niro, en su personaje de Ben Whittaker, cuenta que
una vez leyó que “los músicos no se jubilan; dejan de tocar cuando dejan de
tener música en el alma”.
¡FELIZ DÍA DEL MÚSICO Y DE LA
MÚSICA
En Argentina también se celebra el
Día Nacional del Músico cada 23 de enero, fecha de nacimiento del único, Luis
Alberto Spinetta.
©LevAlbertoVidal/nov2023
miércoles, 13 de septiembre de 2023
MIÉRCOLES DE POESÍA
Otra edición de los Miércoles de Poesía organizado por el coletivo Días Circulares, esta vez en el Bar Delfus, que conozco muy bien. Participé leyendo mi poema "Me gustas así" escrito en el 2015 y que cada día me gusta más.
viernes, 9 de junio de 2023
TERTULIA DE POETAS EN SU SALSA
Tertulia de poetas en su salsa.
Auditorio del Centro Cultural de la Municipalidad de Jesús María, 7 p.m.
Gracias a Roberto Rios del Águila por la invitación a leer.
lunes, 14 de noviembre de 2022
EL CHARLIE WATTS CALETA
viernes, 14 de octubre de 2022
PUBLICACIÓN DE "LAS MIRADAS"
foto: Rose Falcão
Les comparto, con alegría infinita, la publicación de mi novela “Las Miradas”.
El camino para escribirla fue largo y tuve que asumir varios costos, pero rico para crear a los personajes, desafiante para retratar sentimientos y situaciones, y generoso para aprender mucho de mí mismo.
Esta es mi hija, que sacó lo mejor de mí
durante casi cuatro años. Ahora toca verla crecer.
De venta en librerías:
- Communitas (Av. 2 de mayo 1690, San Isidro)
- Escena Libre (Av. Camino Real 1075, San Isidro)
- El Virrey (Bolognesi 510, Miraflores)
Compras on line: Las miradas – Grupo Editorial Caja Negra
(c)LevAlbertoVidal/oct2022
viernes, 11 de junio de 2021
PROCESIÓN
‒Hola amor, ¿qué tal tu clase?
‒Pucha, una maravilla, como siempre. Ese profe es lo
máximo. ¿Y tú?
‒Bien, esperándote… te preparé lo qu…
De
repente, frunció el ceño, arrugó la nariz, pensó
por dos segundos y…
‒¡Hueles a procesión!
Se
acercó más a mí, puso su nariz sobre mi hombro, me olfateó las costuras, los botones
y el cuello de la camisa, revisó el bolsillo, subió hasta mi cuello ‒que despreció impunemente, cosa extrañísima en ella‒, alejó presurosa la nariz y fijó sus ojos en los
míos, preguntándome con aire de desconfianza, manos en la cintura y seguramente
maldiciéndome en sus adentros:
‒¿Dónde has estado?
Los
ojos se me fueron hacia atrás. Con un movimiento robótico, levanté el brazo
derecho hacia ella, mostrándole la muñeca.
‒Huele, dije.
Dudó,
pero lo hizo.
‒¡Dios!, ¿qué es esto?
‒La respuesta a tu pregunta.
‒¡No respondiste dónde has estado!
Y
ladeó la cara y aleteó los brazos en ángulo, como gallina que se espanta.
Le
conté que en el taller de escritura habíamos utilizado olores como estímulo
para escribir.
‒¡Noooo…, qué lindo ejercicio!, ‒dijo, enseñándome por millonésima vez ese trabajo de
orfebrería fina que dentista alguno ha hecho jamás en dientes humanos. ‒Vamos a la mesa y me sigues contando.
Desde
que llegué a casa, había dejado de pasarme la mano por las fosas nasales
intentando en vano quitarme ese maldito olor. Maldito, digo, porque ni la
fricción con la mano, ni agua con jabón, ni alcohol, ni el par de cigarros que
fumé lograron ayudarme en mi propósito. Primero fue como un pachuli, luego olía
a uniforme de mecánico, a escape de gas, a orines en la calle y cuando llegué a
casa, a procesión.
Fui
al baño para intentar una vez más acabar con la tortura. Me metí
infructuosamente el índice en ambas fosas nasales, girándolo como si quisiera
entornillarlas a la pared y sólo logré arañármelas y arrancarme unos pelos. Me
consolé lavándome las manos y oliendo el aroma a rosas del jabón.
Entré
a la cocina. El olor de la comida me jaló de la nariz hacia la mesa. Ella
volteó hacia mí llevando en las manos un enorme plato de tallarines verdes con
bistec, humeante, tan incitante como sedicioso, que devoré de una sola
inhalación.
Antes
del postre, mi mujer hizo el ademán de pararse, me cogió el rostro con ambas
manos y se aproximó a mí. Olió. Sonrió y me echó una de sus miradas, esa de adolescente
escribiendo en su diario cosas sobre nosotros, y mirándome, me estampó el beso
más tierno en la punta de la nariz.
‒¿Todo bien, amor?
‒Todo…. sí.
©Lev Alberto Vidal/28oct2015
viernes, 29 de mayo de 2020
MEU PRIMEIRO BEIJO DE AMOR (NãO NOSSO, MEU)
Levantei da carteira. Fui atrás dela, que tinha ido jogar algo na lixeira. A professora nos olhou pelo canto do olho. Lu virou a cabeça para mim ao sentir minha presença. Ficou surpresa por eu ter andado atrás dela sem qualquer motivo. Franziu a testa, abriu os olhos. Voltou. Eu também. Virou de novo, mais estranhada ainda, mais que a professora, mais que todos os colegas juntos que acompanhavam a cena. Sentou. Eu ia sentar, mas parei. Não sei pra que. De repente, inclinei o corpo, me aproximei dela e a beijei na bochecha. Todo mundo ficou pasmo, ainda mais eu. Lu virou a cabeça. Pude ver seus lábios entreabertos, os dentinhos de coelho, a carinha feito ponto de interrogação. Tensão na sala. Todo mundo aguardando os acontecimentos. Vai bater, vai bater, ouvi de mansinho por ali. Me senti tão ameaçado nesse momento, mas a carinha linda dela foi mudando. Aos poucos, o movimento dos lábios dela foi engordando-lhe as bochechas e seus olhos começaram a ficar mais puxadinhos. Feito planta que pega chuva após a seca, fui retornando à minha posição vertical e a sala foi se iluminando conforme o rosto dela ia sorrindo. Aí, todos os colegas começaram a gritar eeeeee... Houve até quem batesse umas poucas palmas. A professora, longe de reclamar meu comportamento, os olhos cheios de meiguice, olhava a cena de lado. Como eu era ousado aos oito anos...
©LevAlbertoVidal/set2019
sábado, 21 de marzo de 2020
ÓRGANOS
martes, 12 de noviembre de 2019
LA TORTUGUITA SIN NOMBRE
En el lugar,
te cuentan que las tortugas marinas habitan esa zona hace mucho tiempo y que
luego de la construcción del embarcadero y del desarrollo de los menesteres
pesqueros, su curiosidad las empujó a acercarse a la playa, al punto de ser hoy
su principal atractivo y eje del comercio turístico de la zona.
¡Vieran cómo los niños de toda edad se bañan junto a ellas!
Yo, que no
tan en el fondo también soy un niño, me uní al grupo de bañistas. Confieso que
fue muy incómodo. Tenía la sensación, cuando pasaban cerca de mí, de que me
morderían los pies; por eso me bañaba en cuclillas. Y las pequeñas ondas que
generaban a su paso ‒¿o debería decir nado?‒ me producían unos escalofríos tremendos. Mi consuelo era
pensar que habiendo tantos pies alborotados, no mordería justamente los míos.
Diez minutos
estoicos fueron mi prueba de valor. Salí del mar, caminé por el muelle en
dirección a la orilla y me bañé ‒ahora sí‒ lejos de ellas, relajado. Me revolqué en la arena desde los
pelos hasta las patas y me zambullí repetidas veces en ese mar de Dios, que de
seguro, es una idea muy próxima de lo que me espera en el paraíso.
Quise ponerle nombre cuando le dije “éste es tu sitio”, al lado de la laptop. Diez meses después sigo pensando. Si fuera mi hija, porque asumo que mi tortuguita es hembra, ya habría decidido su nombre con anticipación y a la mierda los demás que vinieran a decirme ponle así, ponle asá… Pero es, sencillamente, otro de tantos recuerdos que tengo sobre mi escritorio, ya con cara de mostrador de mercachifle. Sin embargo, me mira, con resignación creo. Vive a la espera, moviendo la cabeza al compás de la bocanada que entra por la ventana. Es mi compañera de tipeo. Vemos telenovelas colombianas en YouTube. Se come las migajas que caen al escritorio cuando como pan. Y duerme tarde, como yo.
Cómo, pues, le vas a poner un nombre pescao del aire, mijo…














